De nuevo, nuevo…

Estoy de nuevo aquí, en Asia, mi continente. De nuevo sola. De nuevo lejos. De nuevo guardando un millón de experiencias. De nuevo, todo vuelve a ser nuevo. Como la primera vez, como cuando abrí las alas y volé, persiguiendo mis sueños, como vuelan las comentas al aire, persiguiendo las nubes.
Otro sueño hecho realidad. Otra realidad hecha sueño.
Nepal: mágica mezcla de contradicciones
Al pasear por uno de los tantos pueblecitos que salpican el Valle de Katmandú, uno se lleva una probadita de India: con sus coloridos Saris, sus Tickas, sus Pujas, con sus ojos rasgados de mirada profunda y sonrisa deslumbrante; uno se lleva, también, una probadita del Tibet: con esos soberbios vestidos que llevan orgullosas las mujeres, que aun viven en el exilio, con sus estupas, sus mantras, sus banderolas de colores que susurran plegarias al aire y sus ruedas de oración que giran y giran al ritmo de miles de peregrinos que circulan dando vueltas alrededor de la estupa en el sentido de las manecillas del reloj.
Uno se lleva, también, una probadita de la grandeza que un día reino aquí... reyes de otros tiempos que irguieron templos y monumentos en una espectacular arquitectura newar.
Nepal es una mezcla... una mágica mezcla de religiones, de razas, de vestimentas, de sabores, de miradas; es una mágica mezcla que reúne lo mejor de cada sitio... es el ombligo que nutre a Asia y se alimenta de la autenticidad que le rodea!

Protegido por valles y majestuosas montañas, guarda celoso una identidad que no es propia, ni ajena; no es heredada, ni robada. Surge de entre sus campos, de entre sus nubes y paisajes, una identidad que lo lace tan similar y, a la vez, tan diferente de sus poderosos vecinos.

Nepal no es solo Nepal... es la mágica mezcla de todo lo que lo rodea! irónicamente, eso es lo que lo hace UNICO: que es un poquito de todos y un todo de poquitos!
Despertar entre nubes - Bandipur.

Curvas y curvas surcan cuesta arriba la colina. Verdor total. Naturaleza total. Bandipur se deja ver, a lo lejos, con tejados rojos que se extienden entre el espesor de las nubes.
Pocos lugares en el mundo transmiten una energía tan especial… me hace sentir que estoy en un sitio mágico… y lo estoy! Estoy en la cima del mundo. A los pies del Himalaya, que se asoma orgulloso pavoneándose de sus nevados ocho miles, punto de partida de memorables expediciones.

(desde mi cama con mosquitera, en una noche sin luz)
Paz, tranquilidad, miradas amables y gestos que invitan a regalar un namaste, una sonrisa, con las manos bien juntas entre el mentón y la barbilla. La escuela se ha quedado en silencio, las risas se expanden por toda la aldea.

Los niños, con sus uniformes blancos o azules llevan una graciosa corbata, muy larga, muy sucia, pero eso si: todos sonríen, te miran, te saludan, te acogen.

El sol se va alejando, salen golondrinas que silban y revolotean como en una danza ritual… es el ultimo rito del día, casi la despedida. De las casitas vecinas emerge humo y olor a comida casera (estarán cocinando dala bat?). Ropas de mil colores pernoctan colgadas en los patios, si no llueve mañana estarán limpias y secas.
Ayer aprendí…
Que basta un día para elegir a tu esposa, y cinco más para casarte con ella. Que las novias se casan de rojo y tienen que salir llorando de casa. Que la fiesta dura hasta tres días y que es responsabilidad de la esposa servir y cuidar de la familia del marido.

Que el tika se aplica con el tercer dedo de la mano derecha.

Que la comida sabe mejor con las manos. Que la cabeza es sagrada y los pies impuros. Y que si alguien te toca por equivocación con el pie se debe disculpar tocándose el pie y la cabeza en señal de perdón.
Que las castas siguen existiendo, aun y a pesar de estar legalmente abolidas, y que tu profesión, tu vivienda, tus amigos y potencial marido se encuentran predefinidos en esta ridícula "clasificación de personas".
Y que una simple piedra puede ser un santuario, y un precioso edificio simplemente piedras.
Hace muchos, muchos años - Kokhana

Solo llegar se experimenta la transformación: es como volver hacia atrás, muchos, muchos años… cuando la vida era simple, sencilla, feliz; cuando la vida era vida.
Salpicado de arrozales y campos de mostaza, coronado por altos y verdes valles. Engalanado por exquisitas ancianas hilando lana, ancianas robustas, con el pelo blanco, con los talones tatuados y las arrugas dignamente marcadas. Ancianas que visten los trajes de antaño, que atesoran y transmiten la sabiduría de generaciones, señoras, ancianas, mujeres, abuelas… exquisitas “oggis”.

Las calles están llenas de gente. Gente tejiendo, gente lavando, gente charlando, gente mirando, gente llegando, gente yendo, gente viniendo o simplemente gente…. Risas y miradas curiosas acompañan mis pasos. Camino sin rumbo, dejándome seducir por la anticuada belleza que lo envuelve todo. Paso junto a una escuela, junto a un pozo, junto a un templo, junto a un tractor, paso junto a una vaca, junto a una oveja, junto a una cabra, cabra que espera paciente a regalar su barbilla para fabricar la pashmina!

La vida pasa sin prisa, sin pausa… las tertulias se improvisan en las calles, pasajeras, cualquier pretexto es bueno para charlar con el vecino… aquí todos son uno, son una comunidad. Valores como solidaridad y respeto se guardan con recelo.
La casa de Tara “di-di” - Panuti

(ella es Shanti, tan radiante, tan sonriente)
Y como siempre se cumple la maravillosa regla de “los que menos tienen dan mucho mas” es de imaginar el comité de bienvenida conformado por hijos, primos, amigos, vecinos y demás familiares y conocidos, evidentemente seguido de deliciosos manjares que degustamos al mas puro estilo nepalí.

Para nuestra buena suerte, ese sábado era luna llena, así que nos toco presenciar un animado festival en Panuti. Enormes carrozas de madera, con un templo a cuestas y repletas de gente, eran arrastradas por todo el pueblo. La gente salía de sus casas a llevar ofrendas (pujas), tiraban agua (pani) desde los tejados y entonaban pegajosas melodías al paso de los armatostes de madera. Hacia el final de la procesión los pasajeros de una carroza lanzaban tika roja a los de la otra carroza… era todo un espectáculo de color y adrenalina.

El regreso a Bhaktapur fue memorable, estaba tan lleno el pueblo por ser sábado (el único día que no se trabaja en Nepal) y por el festival que fu imposible conseguir asiento en el autobús, así que nada mas reconfortante después de un día de multitudes que volver a “casa” en el techo del autobús, rodeada por el fascinante verdor del Valle de Katmandú.
Personajes como de cuento ...

El carnicero ...

La vendedora de ofrendas ...

La madre canguro ...

El niño de la flor ...

... y, por supuesto, la guapa Indira con su paraguas a conjunto!
